11 de diciembre de 2016

Otros: Los límites del escritor

Todo aquel que escribe, con independencia de la plataforma escogida, tiene un gran impacto en cómo la sociedad es moldeada. Aunque sólo se quiera escribir una historia sobre… yo qué sé, un pueblo que está siendo tiranizado por el poder gubernamental y se levanta en armas. Sencillo, ¿no? La forma en que esa historia sea contada marca precedentes que, como ocurre actualmente con la ficción, puede afianzar una clase de cultura y forma de pensamiento tóxicas. 

Retomando el ejemplo, si en ese pueblo sólo luchan hombres, se puede dar por hecho que las mujeres se quedan atrás cuidando del hogar y de los niños. Que ellas llevan un rol pasivo, por más que sepan empuñar armas y sean el último bastión, pero no el primero. Es decir, se quedan en un segundo plano. De esta forma se perpetua su rol pasivo a través de la ficción, un medio muy poderoso que todos consumimos en menor o mayor medida. Este es un solo un ejemplo de muchos, pues moldear un mundo en el que todas las personas son blancas y en el que el único personaje de color es un mentiroso, contrabandista y, hasta cierto punto, traidor, igual no es el mejor mensaje (sí, George Lucas, te estoy hablando a ti. ¡Mírame cuando te hablo!)

¿Debe un escritor tener límites? Bueno, como escritor que me considero, yo al menos, pienso que sí. No a nivel creativo, ¡sólo faltaría!, pero sí en la forma en que da rienda suelta a esta creatividad. Antes de nada, quiero dejar claro que la mal llamada “cultura de lo políticamente correcto” que hace que Bertín Osborne llore porque no puede hacer “chistes de mariquitas” no existe. Lo que sí existe es una serie de “chistes”, tropos y clichés que no afectan a ciertos sectores privilegiados de la sociedad. Hablo, cómo no, del trío estrella: Hombre-Blanco-Cishetero. 
Eso por delante, hablemos del tema que nos trae aquí. Como ya he dicho un poco más arriba, el escritor debería estar limitado por la forma en que trata según qué temas. Sí, el escritor puede hacer un sistema patriarcal, pero para no formar parte de ese sistema debe mostrarlo de forma que no robe la agencia a las mujeres, sino que puede ponerles obstáculos, pero ellas puedan decidir cómo sortearlos. Por eso a la hora de representar esta clase de sistemas debemos hacerlo de forma que se condenen o que aquellos personajes que son adalides y heraldos de dicho sistema no nos sean tan simpáticos. Mejor aún si no los representamos, pero quizá, para algunos, sea mucho pedir.

A nada que uno (hombre) lee a mujeres y se relaciona con ellas, escuchando sus opiniones y sus impresiones de las novelas que leen, no tarda en darse cuenta de que ellas, que no gozan de los privilegios que nosotros sí, están hartas de damiselas en apuros, de pasados con violaciones o de abusos dirigidos expresamente a ellas por su condición de mujeres. Y desde una posición privilegiada eso es algo que no se ve hasta que alguien te abre los ojos al mundo real. Alguien cuya sociedad le marca desde niña que debe ocupar un rol servil, pasivo, lo último que necesita es que los medios que usa para entretenerse, evadirse, le den más de lo mismo. 
Esto no sólo se aplica a las mujeres, también al colectivo LGBT+ o a las personas no-blancas que sufren una infrarrepresentación bochornosa y cuando sí son representados, tienden a ser estereotipos o “el negro que siempre muere en las películas de terror”, o, sencillamente, cuota. Es decir, personajes vacíos que buscan contentar a una parte del público potencial que, como escritor, te importan bien poco. 
Aquí es cuando entra en juego la hipocresía y las medias verdades. 
Me parece genial, maravilloso y necesario que los autores hablen de cómo se debe cambiar la concepción que tenemos de los colectivos infrarrepresentados. De que los clichés deben quedar atrás y que debemos desarrollar nuevas fórmulas de creación de personajes. Pero todo el mensaje se desvirtúa en cuanto decides leer algo de ese autor que tanto te ha hecho asentir en su charla, porque ¿no es lógico pensar que sus obras serán consecuentes con su discurso? Pues no, no siempre es así. Y aquí es donde los seguidores de Rothfuss vais a odiarme por usarle de ejemplo. Su saga Crónica del asesino de reyes rezuma un machismo y sexismo recalcitrante a lo largo de sus, por ahora, casi 2000 páginas. Pero vayamos por partes. Rothfuss ha manifestado varias veces y en distintos medios como es la Chicago Comic & Entertainment Expo de 2014 que: 

“Tenemos un gran problema con cómo representamos a las mujeres. Y esto no es sólo en la fantasía. Es como si toda nuestra cultura estuviera metida en esto. Creo que es un veneno cultural. Muy poca gente lo propaga voluntariamente. Pero lo que ocurre es que te bañas en ello desde que eres un crío y ves las películas de las princesas Disney y dices: ‘Oh, eso es lo que una mujer quiere, así es una mujer. Es un poco insípida y entonces un hombre la salva, ¿verdad?’ Absorbes estos conceptos antes incluso de que ser capaz de racionalizarlo. (…) Y entonces tienes esto dentro de ti y, cuando toca ponerse a escribir, sale de ti de forma natural y el todo se perpetua.”

Creo que todos estamos de acuerdo en que tenemos mucha mierda interiorizada y en que hay que representar a todo el mundo como personas y no como recursos, pero cuando abres sus novelas encuentras que, aunque hay personajes femeninos muy interesantes como Devi o Denna, la novela es la mirada machista en estado puro. Una visión que no aporta nada de valor y sólo sexualiza, cosifica y tuerce a las pocas mujeres que salen en la saga. Que sí, que hay ejemplos interesantes, pero el envoltorio tiene tela. 
He oído ya muchas veces que es para mostrar que el Kvothe adolescente es un machista, pero no así el adulto, pero ¿sabéis qué? Es el Kvothe adulto el que dice que las mujeres son como un laúd y que sólo hay que saber tocar las cuerdas adecuadas para hacer buena música o:

“Las mujeres son como el fuego, como las llamas. Algunas mujeres son como velas, brillantes y amistosas. Algunas como chispas, o ascuas, como libélulas que perseguir en las noches de verano. Algunas son como fuegos de campamento, todas luz y calor por una noche y dispuestas a ser apartadas después. Algunas mujeres son como lumbres, no hay mucho que ver, pero por debajo son todo cálido carbón al rojo que arde durante mucho, mucho tiempo”.

Aunque es el Kvothe adulto el que narra, eso no quita que sea Rothfuss el que perpetúa la cosificación de la mujer y la sexualización continua de las mismas durante la saga. Aquí es donde quería llegar. Pienso que un escritor tiene la obligación de ser coherente en lo que escribe con aquello que predica. Porque la hipocresía es precisamente eso: decir una cosa y hacer la opuesta.  
Por resumir, podemos concluir que el límite de un escritor debe estar en la coherencia con aquello que predica. Si uno sostiene que hay que acabar con el tropo de “Bury your gays” (del que Rocío Vega nos habla en su entrada) no puede usarlo porque desprovee de poder todas aquellas declaraciones que haga. Un escritor puede escribir lo que quiera como quiera, pero luego no puede quejarse cuando se le tilde de machista, racista, homófobo o hipócrita. Las palabras se las lleva el viento y sólo nuestras acciones permanecen. 

¿Opináis como yo? Decidme, ¿creéis que existen límites en los escritores?

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Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

14 comentarios:

  1. Muy interesante todo lo que dices, la verdad, a pesar de que yo lo veo todo un pelín distinto.

    Respecto a Rothfuss, y le menciono a él porque es a quien tú has elegido, pero queriéndome referir a cualquier obra ambientada en fantasía medieval, yo sí que entiendo que exista una ambientación machista, más que nada porque, por mucha fantasía que sea, está situada en un contexto temporal en el que las cosas eran así. Ahora bien, yo creo que en ese contexto tan machista, la crítica debería salir de un personaje que sobresaliese del resto por no estar conforme.

    Muy interesante todo, como siempre.

    Un saludo, amigo.

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    1. Sí, entiendo el contexto patriarcal y lo que eso supone, pero el medievo fantástico suele ser una excusa para ser machista y humillar a las mujeres porque sí. El medievo real tiene poco que ver con ese que tanto nos vende la ficción. Con sus enormes peros, las mujeres tenían bastante más agencia que sus contrapartes reales.

      Respecto a Rothfuss, como he dicho, tiene personajes geniales y tal, pero su obra está contada a través de una mirada masculina siempre reinante que cosifica continuamente a las mujeres que aparecen poniendo siempre en primer lugar su físico y ,si acaso, después cómo son, de forma que hay muchos personajes que sólo sabes que son hermosas y punto, mientras que de los masculinos, prácticamente todos, son algo más.
      Mi problema con Rothfuss es justamente ese, se justifica en un medievo con magia, ciencia muy avanzada y seres que son casi dioses, pero que, por alguna razón, es perdidamente machista. Ese machismo que él usa no aporta absolutamente nada a la obra. Nada.

      Un saludo y espero no sonarte demasiado guerrillero.

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    2. No, no, para nada guerrillero.

      Sincreamente, ahora mismo la prosa de Rothfuss la tengo olvidada. Las novelas me encantan, ya lo sabes, pero prima en mi mente el recuerdo y no los detalles. Sí que me acuerdo perfectamente de que en el segundo Kvothe empieza a cosificar tras ciertos sucesos, pero no puedo armar ahora mismo una visión global.

      Aun así, tenemos novelas en los que hay personajes que matan porque quieren, en otras en las que hay violaciones a diestro y siniestro, por tanto, y aunque no me gusten aquellas novelas que no tratan de aportar, entiendo que puedan existir novela simplemente machistas, sin buscar la crítica. No sé si entiendes por donde voy, que esto da para vídeo y para post muy largos jajaja.

      Un saludo.

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  2. No me gusta hablar de límites a la hora de escribir. Porque aunque sea complicado, hay gente racista que por otro lado es buena persona, y eso no quiere decir que ser racista esté mal, pero para representarlo en ficción debe de ser complicado. Ahora bien, lo que sí creo es que el autor debe estar dispuesto a asumir que si cae en estereotipos y perpetúa roles de género, como mínimo su obra será machista/racista/homófoba, etc., y si no ha caído en ello mientras escribía y no es lo que quería conseguir, debería plantearse una revisión de su concepción igualitaria. Porque al final son cosas que tenemos asentadas que salen sin que nos las planteemos.
    En estos casos siempre recuerdo a cierto dios nórdico negro. Lo que se llama cupo en toda regla xD
    Buen artículo cuervo, un abrazo :)

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    1. "No quiere decir que ser racista esté bien"* Cómo se me ha podido colar eso XD

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    2. (He leído la corrección).

      Yo no hablo de si los autores son o no buenas personas, eso no me incumbe. Sólo digo que el límite de un escritor debe estar en su propia coherencia. si es un autor racista y escribe obras racistas, está siendo coherente con su línea de pensamiento. Asqueroso, sí, pero coherente. En cambio llenarse la boca con que el color de la piel o el origen de uno no debería condicionar sus derechos, pero luego escribir una obra que destila racismo sin gota alguna de crítica a ese racismo, igual, igual, te convierte en hipócrita.
      En cualquier caso, autor y obra pueden tildarse de machista/racista/homófobo. Todo depende del mensaje que destile una obra y su autor.

      Un saludo.

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  3. Pues sí creo que un autor debe tener un límite, un límite que marcaría su ética y principios. Algo muy parecido al humor, que al igual que la ficción, al no parecer elementos tangibles se presupone que son inofensivos. Pero uno no va a un entierro a hacer chistes de muertos, ¿no? Considero que hay ciertos temas que de una forma y en un contexto determinado pueden ser dañinos. El propio Rothfuss lo dice, aunque luego no termine de predicar con el ejemplo. En la fantasía no hay ninguna ley que obligue a escribir un universo sexista y misógino, pero de alguna manera seguimos cayendo en esos tópicos. Luego, no es de extrañar la abundancia de personajes blancos y cishetero, por ejemplo.

    Si al final "la ficción es solo ficción", algo tiene que estar muy mal para que no se pueda salir de la visión de mundos sexistas, misóginos, homófobos, racistas, etc. y que estos mundos ficticios no sean capaces de existir de otro modo. A ver si no va a ser todo tan ficticio como parece.

    Y por si no lo ha parecido por mi comentario, me ha encantado la entrada y ojalá más escritores hablaran de este tema. Un saludo :)

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  4. Exageraste un poco con que los seguidores de Rothfuss te iban a odiar xD.

    Tengo que decirte que hace mucho que no leo a Rothfuss y lo que te pueda decir es más bien el recuerdo que tengo pero tampoco puedes convertir una época medieval en algo menos machista por muy fantástica que sea (quizá puedes incluir a algún personaje que critique esos valores... Pero también es muy probable que esa persona acabe muerta).

    Y bueno, estoy bastante de acuerdo en que si te quejas de opresiones (como el machismo o la LGTBfobia) es bastante incoherente que crees historias donde estas opresiones estén a la orden del día. Aunque también son muchos los escritores que caen en tópicos sin darse cuenta, entonces ahí Rothfuss o quien sea debería darse cuenta de eso y revisarse.

    Yo soy de los que piensan en hacer todo lo que sea posible para hacer que esta sociedad deje de estar tan llena de mierda y como escritor mandaría mensajes positivos ya sea normalizando relaciones LGTB, incluyendo personajes feministas...

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    1. Igual Rothfuss, ya que pongo el foco en él, arregla alguno de estos aspectos de cara al cierre de la saga. No digo diciendo que el Kvothe presente no es machista, porque lo es y no se corta en manifestarlo constantemente al ser él y no otro quien cuenta la historia del Kvothe adolescente. Veremos, veremos.

      Por mi parte trato de hacer eso: normalizar. No creo mundos machistas, tengo uno donde el machismo no ha existido (con todo lo que eso supone) y otro donde el machismo es cosa de un pasado muy reciente con sus secuelas y tal, pero nada fuerte, por así decirlo.

      Un saludo.

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  5. Muy interesante.

    Si en una historia, tanto los personajes femeninos como los masculinos pudiesen luchar, llorar y cocinar sin convenciones de por medio, se acabaría interiorizando de la manera en que Rothfuss dice que pasa con las princesas necesitadas. Aunque es cierto también que para esto sería necesario que la mayoría de escritores (y creadores en general) empezasen a normalizar. Hoy en día el mensaje "soy mujer y eso no me hace más débil" hace falta, pero igual va siendo momento de no facilitar la discusión ni de colar moralinas por doquier, sino de mostrar personajes que son distintos por lo que han aprendido a hacer, no por el género con el que nacieron, y que a nadie le extrañe.

    Otra cosa es que los autores se empeñen en seguir creando "mundos imaginarios" medievales. O sea, te meten un mago, un dragón, y todo tipo de cosas que no existían, y luego son increíblemente fieles para representar el machismo brutal de la época. Ajá... Pues si te molestas en hacer algo así, sobre todo si encima no hace avanzar la trama, moléstate en que, al menos, uno de los personajes convierta todo eso en un mensaje positivo :)

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    1. Justo. Que un personaje reivindique que las mujeres son iguales en una obra la señala como diferente al resto, pero lo ideal sería la normalización porque empujaría a sentar la idea de que lo son sin reivindicarlo, es decir, hay que luchar por ello, pero no por serlo, sino porque eso sea reconocido. No sé si me he explicado o me he metido en un jardín.

      Un saludo.

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  6. Hay quien cree que los libros son algo inocuo y que, una vez leídos, retenemos poco más que una historia con sus personajes. No quisiera sonar fatalista, pero se ha desatado más de una guerra por las ideas contenidas en unas paginillas de nada. Dicho esto, la probabilidad de que un autor de ficción vaya a causar un revuelo semejante es más bien baja; como mucho le saldrán un par de detractores con sus respectivas críticas. Aun así, me parece que sé a lo que te refieres. Existen pocas cosas tan molestas como ver a un escritor haciendo campaña para tal o cual causa y que, más tarde, no predique con el ejemplo en su propia obra. Me gusta pensar que el arte carece de límites. Mi único problema está en que tolero muy mal la hipocresía. Por otra parte, es triste encontrar novelas que responden más a una agenda política que a las ansias de contar algo interesante.

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  7. ¡Grande!

    Me encanta cuando alguien dice la verdad sobre Rothfuss y sus mujeres (otra telita larga pesada la tiene Martin, pero entrar en su caso es perderse en un laberinto). Hasta cierto punto, cuando un hombre defiende a las mujeres pero luego hace cosas como El asesino de reyes, no puedo evitar poner los ojos en blanco y suspirar porque me lo esperaba. Me ha pasado demasiadas veces.

    Y aquí voy a ser un poquito mala: solo has mencionado nombres de hombres. Sé que comentas que hablando con mujeres ves otro mundo y que en general piensas en autores en neutro, pero me resulta curiso que al final siguen siendo los hombres lo más problemáticos. Y es que las mujeres también lo hacen (pero no importa tanto porque no son tan famosas o yo qué sé. Nunca he visto que nadie diga que Anne Rice es una machista porque escribió libros queer y tiene muchas cosas que es para destruir sus novelas... Aunque sigan gustándome hasta cierto punto). De esas que predican el feminismo y crear personajes femeninos, fuertes e independientes. Luego abres Neimhaim y te encuentras la situación de siempre, o La Elegida de la muerte y ahí están las violaciones y la mujer diferente, o vas a ver Wonder Woman (que todavía no voy a juzgar) y ves los trajes y... Me hierve la sangre y después me quiero ir a un rinconcito a llorar por estas traiciones. Me duelen más porque las han hecho mujeres que predican que me van a dar por fin algo que llevo mucho, demasiado, buscando. Que en teoría buscamos las dos, ¿no? Pero al final caen en el mismo error cuando me juran que me están dando otra cosa.

    Sobre los límites, creo que debería haberlos siempre que se abran otras puertas. ¿Por qué Rothfuss se limita poniendo a una pareja gay de fondo, a la que Denna defiende, pero nunca importan ni están presentes? ¡Son gays, ya ha dado un discurso en su favor, es una persona abierta y liberal, ha cumplido con la obligación necesaria! Pongamos el límite, no se vayan a escandalizar los lectores, y hagamos a Kvothe un dios del sexo. ¿Por qué Rowling me puede decir que Dumbledore es gay pero nunca ponerlo en su libro o por qué me puede decir que su mundo mágico da igualdad a las mujeres (olé, necesitamos magia) pero las veo con los mismos estereotipos machistas, en los mismos trabajos de ama de casa, con las mismas faldas que no deberían llevar? ¡Centrémonos en la heroicidad de Harry, completamente masculina, y en las historias de hombres en sus roles de siempre!

    Sí, un autor debe tener límites dependiendo de qué escriba y qué mensaje quiera dar. Tiene que ponerse límites para volverse hacia otro lado y buscar un nuevo punto de vista. O puedes quedarte en el de siempre, ni que fuera malo, siempre y cuando seas coherente. No me puedes decir que eres feminista y luego ponerme a mujeres como El nombre del viento. Hay que ser una persona inteligente para hablar del machismo creando una situación machista y dejar claro que lo estás deconstruyendo. Y ninguno de estos autores lo está haciendo. Y me frustra mucho.

    Es decir, los límites existen. Se los ponen ellos mismos donde es cómodo y caen en lo hipócrita de costumbre. Ains.

    Un gran artículo, muchas gracias por escribirlo.

    Atte. Rika~

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    1. Claro que hay escritoras que caen en lo mismo. Claro que Virginia la lía bastante con la saga de "El Segundo Ocaso", pero es que las situaciones de hombres y mujeres en este tema son de partida diferentes. Ellas son oprimidas (en muchas casos podríamos sumar alienadas) y nosotros opresores, es por eso que no me parece del todo justo focalizar en ellas y sí en ellos. Aparte, he tenido muy buena experiencia con las autoras en fantasía y ciencia ficción donde tratan de mirar más allá de la estructura machista clásica con muy buenos resultados y personajes femeninos profundos y sólidos.

      Si hablamos del trato a personajes LGBT+ la película es un poco distinta. Como bien dices suelen ser parte del decorado como es el caso de Rothfuss o un añadido a posteriori tiempo después de la publicación de la obra con "contenido adicional" dicho por la autora. En esto "Overwatch" (por poner un ejemplo) lo ha hecho bien. Desde el inicio establecieron que el lore no se limita al juego sino también a los cómics y vídeos que se pueden disfrutar gratuitamente. En ese contexto mostraron que Lena/Tracer es lesbiana (confirmada así) a través de una escena normal y corriente que despide naturalidad por todos lados.

      Hay mucho por hacer pero creo que las nuevas generaciones de escritores podemos cambiar esto. Avanzar.

      Un saludo.

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