18 de mayo de 2014

Prosa lírica: Dama de la amargura II

   Eres fría como el hielo que me rodea, pero aun así no puedo evitar dejarme caer siempre en tu abrazo, ser rodeado por esos brazos níveos que destilan una amarga tristeza, como la sonrisa de un alma en pena que no encuentra su lugar en un mundo cruel que lo rechaza.

Quizá sean tus ojos negros, profundos como el mismo infierno, o quizá sean tus besos gélidos que no apaciguan el ánima, sino que lo pudren. No sé con qué clase de hechizo encantaste mi corazón para que pasara lo que pasase siempre volviese a ti. No tenías que buscarme, sabías que siempre volvería, por ello otrora me dejaste marchar tan largo tiempo, sabías que eras todo lo que tenía.
   Mezquinamente me hiciste creer que era libre, que jamás volvería a verte, pero de nuevo aquí estamos, afuera en el frío. Pensé que algo habría cambiado, no sé, quizá el hielo se habría derretido o el cielo aclarado, pero todo permanece como estaba: muerto, imperturbable...


   Algunas noches me acuesto con la bóveda celeste sobre mí y comienzo a contar estrellas, como quién cuenta ovejas, preguntándome si es posible sentir un dolor inerte, muerto, que sabes que reside en tu interior, en esa oquedad que queda entre los recuerdos presentes y pasados, junto a los lamentos y sollozos mudos que murieron antes de escapar, presos del silencio. Un dolor que te atormenta pues lo sabes irreal, pero al mismo tiempo es tan intenso que ni un océano podría calmar su fuego. Arde incombustible, en ocasiones parece menguar, pero entonces soplas y le insuflas ese vigor que le caracteriza.

   Eres cruel, lo sabes, te gusta oírlo, pero ¿sabes qué es lo peor? Adoro ese aspecto de ti, sé que cada segundo, cada minuto, cada día que pasamos juntos podría matarme, pero no me importa. Sé que no dejarías que muriese sin tu permiso, pues soy tu marioneta preferida, sabes hacer que baile entre tus dedos al son de tus susurros. Eres la vil criatura que consigue que me mantenga activo sin mediar acción, ¿qué es el sufrimiento sino la manera de permanecer vivo sin vivir?

   Seguramente debería darte las gracias por ello, estás ahí siempre que caigo esperando pacientemente para recogerme en tu pútrido manto de sueños rotos y lágrimas derramadas.

   Una vez más te pido que no me sueltes, sé que me sentencio a la condenación eterna por anhelar tu gélido abrazo, pero ¡qué demonios! Prefiero mil vidas en tus brazos que una lejos de ellos pues aunque me daña tu presencia, muero si no estás conmigo. Siempre, aunque inconscientemente, he llevado un pedazo de tu alma, así como tú de la mía. Mis lágrimas fueron tu alimento y tu existencia mi lamento. Pero está bien, podemos seguir así, eres todo cuánto necesito para no morir solo. Mejor tu sola y hueca compañía que un mundo de ceguera y apatía.
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Cuervo Fúnebre: Lector voraz de fantasía y ciencia ficción que pretende escribir más de lo que una vida mortal le va a permitir. Adoro las culturas antiguas y las ciencias en general. Twitter

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